Sobremesa y alivio de caminantes

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Cuento Primero.

EN tamborinero tenía una mujer tan contraria a su opinión que nunca cosa que le rogara podía acabar con ella que la hiziesse. Una vez, yendo de un lugar para otro porque havía de tañer en unos desposorios, y ella cavallera en un asno con su tamborino encima, al passar de un río díxole: «Muger, catad no tangáys el tamborino, que se espantará el asno.» Como si dixera «tañeldo»: en ser en el río sonó el tamborino, y el asno, espantándose, púsose en el hondo, y echó vuestra muger en el río. Y él, por bien que quiso ayudalle, no tuvo remedio. Viendo que se havía ahogado, fuela a buscar el río arriba. Díxole uno que lo estava mirando: «Buen hombre, ¿qué buscáys?» Respondió: «A mi muger, que se es ahogada, señor.» «¿Y contrario la havéys de buscar?» Dixo: «Sí, señor, porque mi muger siempre fue contraria a mis opiniones.»

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