Adonde vas, Manzanita

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Llega el día
El control inesperado en la gran enfermería de la estación había sido el
último suceso emocionante. Desde Moscú, el viaje transcurrió sin ninguna otra
clase de incidente. Cuando Kohout sacó del bolsillo la baraja medio rota y,
haciendo observar que se le debía una revancha, propuso una partida de
veintiuno, todos estaban allí presentes, incluso Feuerstein, que en la estación
había sufrido un desvanecimiento durante la lectura de los nombres y apellidos.
El doctor Emperger, que se encargaba del dinero del viaje, bajó en Tula y
compró pan, huevos y té caliente, consiguiendo incluso comprar dos tabletas de
chocolate. Cuando volvió, dijo que se había despedido definitivamente y para
siempre de Rusia y que había pisado el suelo ruso por última vez en su vida.
Según él, en efecto, desde ahora se encontraba ya propiamente en suelo neutral,
porque no podía considerar aquel tren de socorro sanitario como algo que
perteneciera a Rusia.

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