Casi ochenta años nos separan de la muerte de Wilde. Su época, tan alejada de nosotros, ya es una pieza de museo. El gran irlandés de triste destino y de alma venturosa es nuestro contemporáneo y lo será de muchas generaciones futuras. Su íntima, su invencible felicidad, lo salva de perdurar en nuestra memoria como un dandy trágico, a la manera del príncipe de Dinamarca.
Jorge Luis Borges
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