La serenidad de una tarde del apacible verano inglés se cernía sobre el parque y los jardines de Overdene. Los últimos reflejos del sol poniente prolongaban sobre el césped las sombras de los árboles y hacían desear la frescura prometida por el espeso follaje de los grandes cedros. El viejo caserón de piedra, sólido, macizo y desprovista de todo adorno, sugería la idea de un interior cómodo y espacioso y engalanaba la positiva fealdad de su exterior con la pompa de los magnolios y la vestidura de hiedra y viña virgen que, trepando por la fachada principal, la cubría toda como un aterciopelado manto de verdura salpicado de capullos blancos y racimos purpúreos.
| Categoría: | Florence L. Barclay. |
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