Huyendo al eterno clamoreo de las campanas de Compostela, cuyos ecos, mezclados a los bramidos de las tempestades invernales, parecen perseguir con saña los ánimos entristecidos, y deseando alejarnos de aquellas montañas y verdes praderas, cuyo melancólico aspecto tiene el don de recrudecer todas las pasadas amarguras, hemos vuelto una vez más a refugiarnos en la casa solariega, en donde vimos deslizarse tantos alegres días de nuestra infancia y breve juventud
Padron y las inundaciones
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