En aquel entonces, en la Rusia de la guerra civil, cuando el general Denikin defendía con sus regimientos blancos el frente entre Kiev y Jarkov, mientras el almirante Koltschak amenazaba Moscú desde el este, en aquel entonces Cherchinski era el Presidente de la checa rusa. Hace tiempo que Cherchinski está muerto, y cuando hoy se habla de él en Occidente, se le tacha de hombre sin corazón, de tirano sanguinario, de asesino frío y despiadado. Es cierto, en aquellos días se derramó mucha sangre en Moscú. A diario se enviaban sospechosos al edificio de la checa y unos días después se recogían sus cadáveres con camiones y se enterraban en cualquier lugar. Contrarrevolucionarios, emisarios del extranjero, especuladores, saboteadores, oficiales blancos, miembros del Partido S. R., pequeños burgueses que habían infringido las leyes para poder sobrevivir, grandes y pequeños ladrones, todos corrían la misma suerte.
Señor, apiadate de mi
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