Al Reverendísimo Padre Jerónimo Javierre, generalísimo de la Sagrada Religión de Santo Domingo, en Roma.
Habiendo estado dieciocho años cautivo de turcos, me hizo Dios merced fuese restituido en tierra de sacramentos, y merecí por su gracia la primera Cuaresma oír los sermones de Vuestra Paternidad Reverendísima en la iglesia mayor de Calatayud, y así me ha parecido persona muy digna, si bien yo indigno para dedicar este libro a persona tal, juntamente con el Padre Bartolomé Pérez de Nueros. Y ansí suplico humilmente por las llagas del Hijo de Dios se dé remedio a tantos daños como hay entre católicos, y sólo por esto he escrito toda mi vida y mi intención, sin pretender ni haber ninguna vanagloria. Porque antes que escribiese estas epístolas fue acusado por libro de herejías en el arzobispado de Nápoles, de malsines, y le tuvieron más de cuatro meses, y me lo volvieron y me daban licencia si lo quería imprimir; pero yo no he pretendido ni pretendo tal, sino encaminarlo a Vuestra Paternidad
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