EL DESHOLLINADOR
Guillermo y el deshollinador simpatizaron inmediatamente.
A Guillermo le gustó el colorido del deshollinador y a este le gustó la
conversación de Guillermo. El niño miraba al hombre como a un personaje de
orden superior.
—¿No le «importó» a su madre que fuera usted deshollinador? —preguntó,
maravillado, al desatar el hombre los cepillos.
—Nooo —contestó el interpelado lenta y pensativamente—; no dijo nada,
por lo menos.
—No necesitará usted un socio, ¿verdad? No me importaría ser
deshollinador. Iría a vivir con usted y le acompañaría todos los días a hacer la
ronda.
—Gracias; pero tal vez tu papá diga algo a eso.
Guillermo rio amarga y desdeñosamente.
—Ah, sí; «ellos» armarían jaleo. «Ellos» arman jaleo si llevo un poco de
barro en las botas. ¡Como si la alfombra de la sala importara! ¿Tiene usted
niños?
—Sí; tres.
Guillermo el conquistador
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